José Ramón Fernández

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Adaptar una novela al teatro es un privilegio: significa adentrarse en lo más profundo de esa historia, acompañar a sus personajes, discutir cada párrafo y encontrar en ese universo aspectos inesperados, dificultades que nos hacen crecer como dramaturgos. También, claro, como seres humanos. Hablamos de una tarea técnica pero hablamos también de una pasión.

José Ramón Fernández


Mini Bio

José Ramón Fernández es licenciado en Filología por la Universidad Complutense.

En 1993 recibió el Premio Calderón de la Barca por la obra Para quemar la memoria y en 1998 fue finalista del Premio Tirso de Molina por La tierra. La primera pieza de la Trilogía de la juventud (con Y. Pallín y J. G. Yagüe), Las manos, recibió, entre otros, el Premio Ojo Crítico y el Premio Max 2002. En 2003 recibió el Premio Lope de Vega por Nina. En 2011 recibió el Premio Nacional de Literatura por La colmena científica o El café de Negrín.

Ha estrenado una treintena de obras originales y cerca de veinte versiones o traducciones de textos ajenos. Sus obras han sido traducidas al inglés, francés, italiano, árabe, polaco, rumano, griego, serbio y japonés. Desde hace diez años, imparte clases sobre escritura dramática en el Laboratorio William Layton de Madrid.


Trabajos

El Caballero

Fragmento de la obra escrita para la celebración del 500 aniversario de la publicación de la novela Amadís de Gaula. Estrenada en la Biblioteca Nacional de España en 2008.

En el castillo de Miraflores, Amadís se viste. Oriana lo abraza.

ORIANA – Un beso más. (Se besan) ¿Será mañana cuando dejes de ser Beltenebros?

AMADÍS – El hombre santo de la isla de Peña Pobre me dio este nombre de Beltenebros, porque vio que mi vida estaba en grande amargura y en tinieblas. Fui Beltenebros porque tú no me amabas.

ORIANA – Eso nunca sucedió. Los celos me dijeron palabras que escribí sin saber el daño que harían. Si los grandes yerros que con enemistad se hacen, vueltos en humildad son dignos de ser perdonados, ¿qué será de aquellos que con gran sobra de amor se causaron?

AMADÍS – Con tu segunda carta me devolviste la vida; y si puedo volver a llevar el nombre con el que nací para servirte, en esta batalla volveré a ser Amadís, el servidor de Oriana. (Se besan) Es hora de partir.

ORIANA – (Protesta, miente. No quiere que llegue el día) Aún es la noche cerrada.

AMADÍS – Mi corazón quisiera que mis ojos no pudiesen ver el alba. Pero el alba y el servicio al rey no quieren esperar.

ORIANA – (Oriana abraza a Amadís.) Ya he sabido lo que era perderte. Ya he sabido que es peor que morir.

AMADÍS – (Se separa de ella, dulcemente) Ya he sabido lo que era morir olvidado. Ahora, en la batalla, será mi mejor escudo saber que Oriana piensa en mí. Nada podrá tocarme si no me olvidas.

ORIANA – El corazón de Oriana se marcha con el tuyo y los dos correrán la misma suerte.

AMADÍS – Entonces, sea cual sea, será una suerte dichosa. (Silencio.) Quiero decirte algo más. Te amé el primer día que te vieron mis ojos, cuando no conocía mi nombre y me llamaban el Doncel del Mar. Te amé en cada batalla, en cada victoria, en cada herida. Te amé en la soledad de los campos, en el mar incierto, en las islas frías. Te amé hasta perder el corazón cuando perdí el favor de tus ojos y te amé cuando me devolviste la vida. Te amo cuando beso tu boca y te amaré cuando esté lejos de ti, bañado en sangre. El último aliento que quede en mí te seguirá amando. Esa es la verdad de mi vida.

ORIANA – Nuestro amor es amor del verdadero, porque esperó a que cayeran todas las murallas que nos quisieron separar. Era propio de nuestro amor que nos cobrase un cruel combate. Sabe que dijo un hombre sabio: sin lid ni ofensión, ninguna cosa engendró natura; y aún otro, de nuestra tierra, dijo que quien espera y vive, bien ha menester paciencia. En la lucha de nuestro amor nunca estuviste solo. En cada sitio que fuiste, estaba mi amor contigo. Cada vez que respirabas, tu boca tocaba mi aliento. Cada vez que tus ojos se cerraban, recibían el beso de mis labios. Cada instante que tu cuerpo dormía, mi cuerpo reposaba cabe el tuyo. Nunca te dejé de amar; no podía. Nunca podré hacerlo.

AMADÍS – No dejes de pensar en mí.

ORIANA – Sólo si se termina mi vida.


¿Te apetece aprender con él?





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