José Luis de Micheo

Foto de José Luis de Micheo

La literatura ofrece, tanto al lector como al autor, confeccionar tantos mundos nuevos como quepan en su imaginación. Parafraseando a Vargas Llosa, permite que el autor se convierta en un dios creador, un demiurgo; y al lector -que es a quien va dirigido este párrafo vicario- que sea el observador ávido de una peripecia atrayente, o el horrorizado testigo de hechos detestables, o, simplemente, el apacible burgués que ve pasar la vida satisfecho y agradecido de su suerte, sin sospechar que los parques tienen una inquietante continuidad. Si esto ofrece de primeras al lector ingenuo, que se limita a gozar de la lectura ¿qué no habrá de delicioso en la literatura cuando se le quite ese manto de ingenuidad con el que se nos presenta, y, además de lo anterior, pueda escalar algún peldaño que lo convierta en un lector activo, y, por lo tanto, en un lector sabio?


Mini Bio

José Luis de Micheo Izquierdo nació y reside en Madrid. Es licenciado en Derecho por la Universidad Complutense (1985) y también en Teoría de la Literatura y Literatura comparada por la misma universidad (2006). Cursó un MBA en la Universidad Antonio de Nebrija (1990) y en la actualidad está terminando otro en Literatura Española, por la Complutense. Es abogado en ejercicio, especializado en Derecho privado y de la empresa; y profesor de Derecho civil y mercantil en UNIR, así como de Historia de la Literatura en la Edad Moderna. Entre 1990 y 2000, dirigió el Departamento de Derecho de la Universidad Antonio de Nebrija. Prepara una tesis doctoral sobre poesía española de los años 30.


Trabajos

Dionisio Ridruejo: desolación y paisaje

Extracto de tesis en preparación. 

Para Ridruejo, la poesía es el vehículo de su visión “fascista” del mundo, en su versión joseantoniana. Es, sin duda, una poesía de estilo falangista, y, por lo tanto, de fuerte carga espiritual, esencialmente utópica, radicalmente juvenil en la consideración de la aventura de la guerra, y que, aunque reflexiva, denota una invencible superficialidad de consigna, puesta de manifiesto en la referencia constante a los caídos, y la presencia literaria de la muerte; es suavemente -y ortodoxamente- intelectualizada; y aparece limpia y muy cuidada en la forma. Ya hemos dicho antes que Ridruejo, generalmente, emplea estrofas y metros clásicos; y que el libro apenas ofrece ejemplo alguno de verso libre. Su propia disposición, por otra parte, da cuenta de este respeto formal: se inicia con un soneto significativamente titulado “En marcha” y se cierra con el “Canto por los muertos de Stalingrado”, poema que a partir de la edición de 1950 apareció ya amputado por su propio autor, quien lo suprimió definitivamente en ediciones posteriores. No hay, desde luego, saltos temporales, sino recorrido. Un recorrido hacia la derrota, que, aunque en principio es otro tema poético, por otra parte, acarreará para el propio Ridruejo una consecuencias que irán mucho más lejos de la literatura.
Cuadernos de Rusia es, además, una poesía misionera, el rastro pretendidamente épico que deja uno de tantos constructores de la nueva Europa, la que se ha lanzado al Este para edificar un mundo cimentado en lo espiritual, frente al materialismo soviético.


¿Te apetece aprender con él?





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