Enrique García-Máiquez

Enrique García-Máiquez. Poeta

La poesía es todo lo contrario de un fenómeno de masas. Es lógico: nada habla con voz más íntima al alma de cada lector. Imposible, por tanto, que convoque estridentes muchedumbres. A cambio, sus lectores saben por experiencia que, aunque cerrado, la poesía es un paraíso. Los géneros literarios van y vienen, se ponen y pasan de moda, pero la poesía ha permanecido en el centro del jardín de la literatura desde los líricos arcaicos hasta nuestros días, entusiasmando a sus privilegiados asiduos. El propósito de este curso es dar la llave que abra la puerta a la poesía de hoy. Experimentando que ésta late, comprobaremos que toda la tradición poética alienta vigorosa, sin nada que ver con la arqueología academicista ni la erudición pomposa.

Enrique García-Máiquez


Mini Bio

Enrique García-Máiquez nació en Murcia en 1969 y es del Puerto de Santa María. Estudió Derecho en la Universidad Navarra y lo enseña en un instituto de secundaria de Puerto Real. Ha publicado cuatro libros de poesía, el último es Con el tiempo (Renacimiento, 2010), dos dietarios (el más reciente, El pábilo vacilante, Renacimiento, 2011), dos colecciones de sus columnas periodísticas (la última, Un paso atrás, Rialp, 2012) y un brevísimo cuadernillo de haikus, Alguien distinto (Los papeles del Sitio, 2005). Tiene en prensa El lucero del alba, libro de aforismos. Ha traducido a Mario Quintana, a G. K. Chesterton, en prosa y en verso, y el Tomás Moro, nada menos, de William Shakespeare y otros. Codirigió la revista literaria Nadie parecía y escribe crítica de poesía en diversas revistas especializadas. Mantiene el blog Rayos y truenos. También él se enorgullece (familia y fe aparte) de lo que ha leído.


Trabajos

El lector es un fingidor

Cuento mi vida pero lees la tuya.
Nombro un paisaje de mi infancia y tú visitas
-tramposo- aquel camino de arena hacia la playa
por donde corre un niño feliz, que no soy yo.

Actúas siempre así, lo sé por experiencia.
¿Qué importa que yo tenga un nombre propio?
Tú lo expropias. Si hablo de mi pueblo,
es tu ciudad. Se transfigura en álamo
el pino de mi casa. Mis amigos
son mis desconocidos de repente.
Y hasta mi amada es ya tu amada.

Yo cuento sílabas, tú cantas, silbas
poniendo música a mis letras, musicando
al ritmo que te gusta.
De todo cuanto digo escuchas sólo
lo que a ti te interesa, quizá lo que no dije,
sin que haya forma así de no entendernos.

Te entiendes y me entiendo, porque al pasar la página
vuelves mis versos del revés, reversos
tuyos. Debí de sospechar
de ti, que no te ocultas,
que robas a la luz amable de una lámpara.

Yo soy el que me oculto. Cuando escribo,
tú vives y eso es todo. Como te dijo Bécquer:
Poesía eres tú.
Y yo el poema.

Casa propia,
Renacimiento,
Sevilla, 2004.


A Nuestra Señora

POETA y peregrino, Gonzalo de Berceo
es un viejo colega al que a menudo leo
y al que haré este homenaje también con el deseo
de ponerme a rezar a aquélla en la que creo.

He de ser cuidadoso. No es fácil hoy en día
hincarse de rodillas cuando la mayoría
de mis buenos lectores no me comprendería.
Por eso me encomiendo a la cuaderna vía

y cubro con el manto de la literatura
(que es esto que nos une a todos, la locura
que nos fuerza a aceptar al otro y su cordura)
mi desnuda oración a la doncella pura:

«Oh tú, la más mujer y entre todas bendita,
tú que hiciste el Magníficat, mi canción favorita,
déjame en estas páginas, tú que puedes, escrita
una pequeña chispa de la luz infinita».

Casa propia
Editorial Renacimiento
Sevilla 2004


Por eso la poesía

La novela lo malo es lo que exige:
requiere un adulterio, asesinatos,
viajes larguísimos, curiosas coincidencias,
y un sinfín de avatares.
Los cuentos son más cortos
pero tienden a hacer de sus protagonistas
insectos esquemáticos, clavarlos
con su alfiler a un corcho y colocarles
ingeniosas cartelas.
En cambio, la poesía lo da todo
sin pedir casi nada. Es increíble
lo poco que hace falta en un poema.
Que estemos juntos, por ejemplo,
en una tarde tonta, igual que tantas,
y que digas de pronto:
“Qué suerte estar contigo”, y que yo piense:
“Oírtelo decir es un milagro”.

Con el tiempo
Renacimiento, Sevilla, 2010.


¿Te apetece aprender con él?





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