Antonio Barnés

Antonio Barnés. Literatura

Nuestra película empezó en el segundo milenio antes de Cristo. Los platós se situaron en Atenas, Roma y Jerusalén. Esa cinta siguió su curso, y produjo el nacimiento de Europa. Podemos llegar tarde a la película y enterarnos de lo que seamos capaces… o verla desde el principio, cursando Mundo clásico.

Antonio Barnés


Mini Bio

Antonio Barnés Vázquez, Doctor en Filología por la Universidad de Granada con una tesis sobre el Quijote con premio de investigación internacional, ha trabajado en prensa, radio y televisión y ha escrito algunos relatos. Es máster en Enseñanza del Español como Lengua Extranjera, y profesor de Literatura Universal y Española tanto en universidades privadas como públicas. Ha sido investigador en las universidades de Florencia y Bolonia, y participa en algunos proyectos sobre la construcción de la historia de la literatura y de iconografía. Le gusta escribir y promover la escritura. Ama los libros. Fruto de estos intereses son sus publicaciones Piensa bien y acertarás y Elogio del libro de papel, y la organización del certamen internacional de relato corto en español y en árabe Paso del Estrecho. Le encanta traducir latín. Ha publicado la traducción del tratado de Séneca sobre la felicidad.


Trabajos

Elogio del libro de papel

Fragmentos del libro publicado por la editorial Rialp (Madrid, 2014).

Un libro no es solo un saco de letras que puede verterse en un soporte digital. El continente y el contenido participan de una suerte de matrimonio en que marido y mujer acaban pareciéndose. El formato influye en la lectura.
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Lo digital iguala lo desigual; el libro especifica lo diverso.
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Nos hallamos actualmente en la fase quijotesca de internet: la del deslumbramiento, la de la fascinación, (etapa probablemente inevitable: surge algo nuevo, vive, y después reflexionamos sobre ello).
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Una palabra vale más que mil imágenes. Encerrar a los ciudadanos en las imágenes, aherrojarlos en la caverna de las apariencias, es la estrategia de toda tiranía.
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La razón y las palabras no deben ceder al tubo de ensayo.
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El ser humano no es un mero decodificador. La inteligencia artificial y la humana no pueden identificarse. El hombre no solo es capaz de entender mejor o peor un texto, sino también de sublimar o anatematizar un pasaje, de leerlo del revés, recta u oblicuamente.
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Escritura y lectura son actos subjetivos, de un sujeto, de un yo pensante y libre. Si atendemos a la etimología, leer es legere, elegir; elección cuidadosa ─diligere─ y entonces la lectura se convierte en amor. La lectura se desarrolla entre líneas, es libre, va de atrás hacia adelante y de adelante hacia atrás, leer entre: inter-legere > intellegere: la lectura es inteligente; puede serlo si es relacional. Somos seres sociales, pero podemos serlo automática o conscientemente. El crítico literario es relacional a sabiendas. El buen escritor, lo haga explícito o no, es un conector de textos. Y el buen lector necesita escribir, aunque sea en el fondo de su conciencia.
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El esfuerzo es la resistencia pequeña o grande que la tierra opone a la planta en su crecimiento. Sin esfuerzo no hay cultivo ni cultura.
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Leer es más bien ir al encuentro de otro (intendere), saber interpretar (intellegere), quitar lo superfluo (putare), reagrupar lo disperso (cogitare), sopesar (pensare).
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Podemos leer sin ton ni son. Y podemos leer inte-ligiendo, o sea, leyendo entre los libros. Comprendiendo que la literatura universal no son solo infinitos puntos luminosos en el espacio, sino constelaciones. Sí. La historia de la literatura es una sinfonía, un sonido acompasado y armónico. Una música de la palabra.
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¿Qué es una palabra? Pensar sobre ello nos lleva a conocer mejor qué y quiénes somos; rechazar el espejismo de que lo más relevante es lo sensible, lo percibido y perceptible por los sentidos externos; y a ahondar en la tesis de Viktor Frankl: el hombre es un ser en busca de sentido, y el poder y el placer no pueden satisfacerle plenamente.


¿Te apetece aprender con él?





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