Xavier Marcé

Foto de Xavier Marcé profesor sobre gestión cultural e industrias creativas

Aunque el sector teatral parezca vivir a salvo de los envites de la transición digital y de sus particulares demonios (la piratería), la realidad demuestra que gran parte de la cadena de valor que lo afecta vive bajo su influencia. Por supuesto, los imaginarios de los jóvenes autores y directores, pero sobre todo las relaciones con el público y las dinámicas de comunicación y seducción que los afectan.
Producir teatro no es únicamente el resultado de un acto creativo individual o colectivo. Es un acto de comunión entre creadores y espectadores que se exigen mutuamente compromiso e inteligencia, lo cual exige buscar sistemas que optimicen las virtudes de esta relación. Primero fue la economía, después la tecnología, ahora es el marketing y la comunicación. Lo cierto, en cualquier caso, es que gestionar un teatro es un proyecto de economía social que no puede realizarse con independencia de un público objetivo sobre el cual elaboramos nuestras hipótesis de resultados. No me refiero únicamente a resultados económicos sino, y con igual intensidad, sociales y artísticos.

Xavier Marcé


Mini Bio

Xavier Marcé es economista, aunque siempre se ha dedicado a la gestión cultural. Ha dirigido los departamentos de Cultura en ciudades como l’Hospitalet o Barcelona y la planificación cultural en Sabadell. Fue director del Instituto Catalán de las Industrias Culturales. En el ámbito privado, ha dirigido una empresa de consultoría cultural y actualmente es vicepresidente de la empresa de producción y exhibición teatral y cultural Focus. Ejerce de profesor asociado en las Universidades Pompeu Fabra y Ramón Llull, y da clases en diversos másters sobre gestión cultural e industrias creativas. Publica regularmente en los periódicos El Mundo y Catalunya i Ara. Además conduce una sección de cultura en R4 (RNE). En el año 2007 publicó un ensayo sobre política cultural: El exhibicionismo del mecenas.


Trabajos

Legitimidad cultural, legitimidad política

Capítulo 1 de El exhibicionismo del mecenas. Xavier Marcé. Editorial Milenio, 2007.

“Los ingleses, habituados a establecer miradas distantes sobre los procesos gubernamentales, teorizan sobre un cierto fracaso de las políticas culturales. No debe extrañarnos una percepción tan radical del hecho cultural público, especialmente si proviene de un país con una tradición formal de independencia entre el mundo de la cultura (el Arts Council) y la acción directa del Gobierno. Aunque el Consejo de las Artes anglosajón sea, en el fondo, un eufemismo para definir un modelo público de política cultural, los procesos de construcción cultural en Inglaterra tienen poco que ver con el modelo francés, mucho mas estructurado alrededor de una idea de ingeniería estatal sobre la cultura.

En el epicentro de tal debate está la sospecha de que 80 años después de la revolución keynesiana, la cultura no ha logrado legitimarse frente a la política, y que muchas veces es utilizada por esta con finalidades básicamente partidistas y con objetivos coyunturales.

Anthony Davies definía, en un estupendo artículo la necesidad de regresar a los orígenes (back to basics) para reencontrar un cierto diálogo positivo (diría incluso que conceptualmente inteligible) entre el artista y el ciudadano. En los últimos años y como consecuencia del impacto de la red y la promiscuidad intelectual que ello comporta, el arte ha sido utilizado como moneda de cambio de todo tipo de planteamientos ideológicos, los cuales amparados en la vacuidad formal de las nuevas construcciones estéticas, penetran en el campo de la construcción de tendencias y se fortalecen en todo tipo de grupos sociales y tribus urbanas. (Anthony Davies: Instinto básico: trauma y reatrincheramiento 2000-2004).

La forma exenta de contenido convierte la cultura en una entelequia estética, desprovista de todo valor de uso (en términos de placer contemplativo o enriquecimiento personal) y con escaso valor de cambio; de ahí surge la necesidad de reclamar el retorno a una relación comprensible (casi física) entre el ciudadano-receptor-comprador y el artista-creador-vendedor en la que el intercambio de funciones nos retraiga a una aceptación mutua y socialmente objetiva del rol que desarrolla cada una de las partes.

La independencia de la cultura frente a la política ha sido reclamada reiteradamente por artistas e intelectuales y retóricamente aceptada por los políticos de la cultura y sus gestores, aún a sabiendas de las dificultades inherentes a una idea que es implícitamente incómoda para los intereses profundos de la política realista. Hasta qué punto esta aceptación repetida ha sido un instrumento para liderarla o hasta qué punto los políticos la han utilizado como un trampolín para acercarse a cuotas mayores de poder real, es difícil de decir. En cualquier caso la legitimidad de la cultura frente a la política está en cuestión y no es una realidad indiscutida en Europa.”


¿Te apetece aprender con él?





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