Pío Caro-Baroja: “La novelística más profunda de Baroja se escribe en Madrid”

21

may

Blog Baroja y Madrid. Foto de Pío Baroja en El Retiro, por Nicolas Müller

General, Humanidades, Literatura

Pío Caro-Baroja Jaureguialzo es fotógrafo y editor. Sobrino nieto de Ricardo y Pío Baroja, sobrino del historiador Julio Caro Baroja e hijo de Pío Caro Baroja, que fue documentalista. Pío ha tomado el testigo de su familia en la editorial Caro Raggio, y hace un delicioso retrato de la relación de Baroja con Madrid en esta entrevista con la Escuela de Humanidades.

Pregunta: La literatura de Pío Baroja se ha alimentado en gran medida de Madrid. Pero Madrid también lo ha hecho de la literatura de Baroja y de todo lo que Baroja sembró aquí en su vida literaria y personal.

Respuesta: La familia Baroja llega a Madrid a finales del siglo XIX. El padre, Serafín Baroja, era ingeniero de minas y entonces tenía cargos que iban cambiando de lugar. Después de Pamplona vienen a vivir a Madrid a estudiar la carrera, principalmente Pío Baroja, y se instala en la calle Atocha.

Blog Baroja y Madrid. Foto antigua de la panadería Viena Capellanes

Una panadería donde estudiar la vida

Pronto heredan de una tía la panadería Viena Capellanes. Era la viuda de Matías Lacasa, que fue el introductor de la barra de viena en España porque anteriormente lo que había eran hogazas

Lacasa era un empresario muy próspero que no tuvo hijos. Así que la tía Juana les deja la panadería a los hermanos Baroja. De ahí que se haya dicho con ironía que Baroja escribía con mucha miga y todas esas anécdotas.

Baroja no fue exactamente panadero, digamos que le cayó el mochuelo y los dos hermanos trataron de sacar adelante este negocio como pudieron, hasta que al final desistieron y se quedó con él el primer oficial de masas, el gallego Lence (su familia sigue siendo la propietaria de Viena Capellanes actualmente).

Es importante Viena Capellanes, porque allí los dos hermanos entraron en contacto con todos los tipos populares de finales del XIX y comienzos del XX en Madrid. Es un Madrid muy castizo, muy provinciano, y eso le sirve a Pío como fuente de inspiración para muchas de sus novelas, sobre todo para la trilogía de La busca, La aurora roja y Mala hierba.

También le sirve para El árbol de la ciencia, aunque esta novela de donde más bebe es de su experiencia como estudiante de medicina en la Facultad de Medicina y el Hospital San Carlos. De estos mimbres, de la panadería y de la facultad, salen las mejores novelas de Baroja.

Baroja vivió en varios puntos de Madrid y se lo pateó mucho. Esos paseos, ¿eran una herramienta literaria?

Efectivamente. Madrid era entonces una ciudad mucho más pequeña que ahora, y te la podías patear en una hora, llegabas de un extremo a otro. Frecuentó básicamente dos ambientes, dos tipos de barrio: el barrio de Atocha hacia el río, donde estaban las famosas corralas, y un Madrid burgués y más aristocrático en torno al Paseo del Prado y El Retiro.

Hay una novela maravillosa de Baroja, una de mis favoritas, Las noches del Buen Retiro, donde habla no ya de ese Madrid popular de La Busca, sino de un Madrid de la alta burguesía y la aristocracia.

Blog Baroja y Madrid. Foto de Pío Baroja escribiendo

Cuando vuelve de un exilio en París, se instala en Jerónimos, en la calle Ruiz de Alarcón, y allí permaneció hasta su muerte en 1951. Él ha estado muy muy ligado a Madrid. La mayor parte de su vida la ha pasado en Madrid, a pesar de que todo el mundo lo identifica con el País Vasco y con San Sebastián. San Sebastián será probablemente el lugar asociado a los recuerdos de la infancia, a las novelas marítimas, de marinos.

La novelística más profunda de Baroja, de más filosofía y pensamiento, se escribe aquí en Madrid. Es el caso de una de las primeras novelas, que es maravillosa, de la trilogía de La Vida Fantástica, Las aventuras, inventos y mistificaciones de Silvestre Paradox. Es divertidísima y está ambientada en Madrid. Silvestre vivía en la calle Tudescos, en una buhardilla, y hay muchas referencias a la vida bohemia y a todo ese mundo de finales del XIX y principios del XX que vivieron los hermanos de maneras diferentes.

Pío era más observador y Ricardo participó activamente en esa bohemia e hizo sus grabados sobre esos ambientes, un complemento ideal de la literatura de Baroja.

Pregunta. Su capacidad de observación, y el hecho de moverse en diferentes ambientes, ¿pudo revelar Madrid a los propios madrileños? Porque el madrileño que se movía en un ambiente popular, no solía hacerlo en el aristocrático, ni al contrario…

Sí, indudablemente. Madrid era muy pequeñito, por estamentos estaba dividido por barrios, pero Baroja andaba moviéndose por arriba y por abajo como un flâneur. El interés que tenía por la naturaleza humana, derivado de su carrera de médico, lo convirtió en un gran observador no solo de los paisajes, sino también del paisanaje.

¿Qué sería de la obra de Baroja sin Madrid?

La obra de Baroja sin Madrid se quedaría muy coja. Madrid es fundamental en Baroja. Paradójicamente se habla de él como autor vasco, pero yo creo que es de los grandes escritores de Madrid, con Galdós. En tiempos recientes es de los que mejor han escrito y han dibujado el paisaje y el paisanaje de Madrid.

Su obra vasca o marina está centrada en los recuerdos de infancia y también en la compra de la casa de Vera de Bidasoa. Ahí sí que se desarrolla la trilogía Tierra Vasca, y se terminan de escribir las novelas de marinos que son impresiones anteriores de su juventud.

Pero con perspectiva, las novelas representativas de Baroja, quitando Zalacaín el aventurero, están relacionadas con Madrid.

Cuando Baroja habla de Madrid, a veces es crudo porque son realidades crudas las que retrata, otras veces es más lírico, pero, ¿amaba Madrid?

La quería, sí. Los últimos años de su vida quiso quedarse en Madrid y quería profundamente a este barrio (la última casa de Baroja estaba frente a El Retiro). Son famosas sus fotografías históricas, esa imagen final de Baroja paseándose siempre por El Retiro. Era un lugar recurrente y diario, una rutina que no dejó hasta que prácticamente no podía salir de casa.

Blog Baroja y Madrid. Foto de Pío Baroja por Prieto.

A la izquierda, Pío Baroja fotografiado por Prieto.

También recorría la feria de Moyano, la subida hacia la rosaleda, la vuelta a la calle Ruiz de Alarcón… era el Madrid que paseó desde el 36 hasta su muerte.

Le pasaba un poco como a mi tío Julio, cuyo centenario se cumple ahora: se sentía muy madrileño y también muy de su tierra, de Bidasoa, muy identificado con el País Vasco. Mi tío Julio, que se puede considerar su hijo en sentido intelectual, ya habla de ese binomio en la vida de ambos.

Durante otra época, la familia Baroja se instaló en la calle Mendizábal 34. Allí tenía la imprenta mi abuelo Caro Raggio. Mi tío abuelo Pío trabajaba con Caro Raggio como asesor literario, y ahí también conoció un Madrid más aristocrático.

La vida de Baroja se centró en tres Madrides: el de la facultad de Medicina; el Madrid de Argüelles, que tiene un final trágico en la Guerra Civil con el bombardeo del cuartel de la montaña y la ruina familiar y de mi abuelo en concreto; y después el Madrid de El Retiro.

La tertulia de Pío Baroja genera más literatura…

Pío Baroja tenía la tertulia en la calle Ruiz de Alarcón. Acudían todo tipo de personajes madrileños y de admiradores, estudiantes… Algunos de ellos destacaron, como Cela, Martín Santos, Benet… tenían como punto en común esa tertulia de Baroja, al que entretenían y hacían pasar la tarde divertida.

La tertulia genera mucha literatura. Estos personajes populares que le visitaban le venían con anécdotas del extrarradio que le divertían mucho. Le contaban, por ejemplo, los episodios crueles de la Guerra Civil. También las chicas que estaban de servicio en la casa le contaban cosas que Baroja no pudo ver porque estaba en París durante la guerra.

Baroja, con esos mimbres, completó sus memorias al final de su vida y escribió unas novelas crepusculares sobre el Madrid de la guerra: Miserias de la guerra y luego Los caprichos de la suerte, que es una novela inédita y creo que se va a publicar en breve, se está trabajando en ella.

A su tertulia acudían también personajes pintorescos como podía ser el doctor Validera, que era un médico a la antigua, con una clínica perdida. Era un personaje bastante dado a la mistificación.

¿A él le gustaba el trato con la juventud literaria?

Sí, sí. Aunque él frecuentaba sobre todo muchos médicos inquietos, que de alguna manera se sentían personajes de Baroja, de El árbol de la ciencia.

Yo he llegado a conocer a alguno después de muchos años, después de muerto mi tío abuelo. Había un marino que se llamaba Gamecho, que prácticamente copiaba, imitaba y se interpretaba a sí mismo como Shanti Andía (protagonista de Las inquietudes de Shanti Andía)…

Hay personajes que son muy barojianos, de hecho ese calificativo se ha convertido en un adjetivo para definir unos personajes muy de comienzos y mediados del siglo pasado, individualistas, un poco uraños y retraídos pero con gran curiosidad por el hombre y por la vida.

¿Qué sería de Madrid sin Baroja?

¿Qué ha dejado Baroja en Madrid? Soy escéptico. Por un lado, creo que es el autor de la Generación del 98 que está más vivo. Todos los años se leen La lucha por la vida y El árbol de la ciencia. Pero ahora la gente lee mucho menos. Soy escéptico en general con el panorama de la cultura.

Pero si hay un escritor que ha retratado Madrid sin retóricas, ese Madrid que ya no existe, ha sido Baroja. El Madrid de los arrabales, que es identificable todavía. Hay madrides anteriores que están más desdibujados, pero el Madrid de Baroja es más reconocible porque su geografía no ha cambiado. Salvo por la desaparición de las zonas más populares de los arrabales.

¿El Madrid de Baroja ha sido fuente para historiadores?

Indudablemente, el retrato sociológico del Madrid de Baroja y de todas sus clases sociales es muy afinado, y es una fuente primaria para quien quiera entender la España de aquel momento.

Para estudiar el final del siglo XIX y principios del XX es una diapositiva perfectamente válida, no en lo geográfico pero sí en lo sociológico. Es un Madrid anquilosado y anclado en el pasado, con unos intentos reformistas muy grandes por parte de algunos miembros de la comunidad, como Baroja o Maeztu.

Esos esfuerzos se plasman en El árbol de la ciencia, ese intento de romper con una España deprimida sobre todo por la pérdida de las colonias. Hay una voluntad de la juventud de enderezar ese camino y salir de esa depresión generalizada aunque luego el resultado reformista va cogiendo caminos distintos. Baroja, como gran individualista que es, se apea pronto de esas energías que tuvo en un momento dado de su vida.

Publicado por: María Gil. Escuela de Humanidades de UNIR.


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