González Férriz: “La gente que tiene solo certidumbres es un rollo y muy poco interesante”

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ene

Blog González Férriz. Letras de una máquina de escribir antigua

Pensamiento

Ramón González Férriz es editor y periodista. Escribe para medios como El País, Revista de Libros o El Malpensante y ha sido responsable de la edición española de Letras Libres. Actualmente dirige un periódico semanal independiente que se llama Ahora. Lector impenitente, nos propone un estimulante desafío: entender un poco mejor el mundo en el que vivimos.

Pregunta: Europa, la economía, el arte… En los tiempos que vivimos, ¿Toca revisarlo todo?

Respuesta: “Probablemente todo no. Estamos en un momento de ruptura y todavía no sabemos si va a ser una gran ruptura o un momento más de transición histórica como los hay continuamente. Yo cambio de opinión todo el rato sobre si realmente es un gran cambio o un cambio rutinario. Sí hay cosas que están cambiando.

“El mundo en el que estábamos instalados se está resquebrajando”

El mundo en el que estábamos instalados es más o menos el que se forma a raíz de la Segunda Guerra Mundial, con unos ciertos consensos económicos y un determinado equilibrio entre el Estado del Bienestar y el mercado. Este mundo sí creo que, por razones de todo tipo, se está resquebrajando. Estamos yendo hacia otra parte, a veces parece claro que peor, pero no tiene por qué”.

Para analizar hacia qué parte nos dirigimos exactamente, González Férriz imparte el curso online Cinco ensayos para entender (un poco) el mundo actual de la Escuela de Humanidades de Unir.

Blog González Férriz. Portada ¿Una gran ilusión? de Tony Judt Ha escogido cinco obras que profundizan sobre otros tantos interrogantes del mundo actual: ¿Una gran ilusión? Un ensayo sobre Europa, de Tony Judt; El gran estancamiento, de Tyler Cowen; El fin del poder, de Moisés Naím; Noventa por ciento de todo, de Rose George; y Autobiografía sin vida, de Félix de Azúa.

Ese cambio de deriva, sigue González Férriz, “afecta a todo, como muestran los libros que propongo que leamos. El proyecto europeo, por ejemplo, que surge a raíz de los años 50, sí que está en un momento de indefinición. O vamos hacia una federación, o es un proyecto estancado.

La economía había crecido mucho, con algún pequeño bache, hasta los años 80 o hasta los años 70 por la crisis del petróleo. Ahora estamos en una crisis muy larga, y más bien sí sabemos que estos crecimientos económicos no se van a repetir. Con el poder pasa lo mismo. Creíamos que los estados eran omnipotentes, que si un presidente quería hacer algo, ese algo se transformaba rápidamente en una realidad.

La globalización parece que no ha salido del todo bien, y que al mismo tiempo es irreversible.

Y sí parece que el arte ha cambiado el papel que tiene en la sociedad y lo que esperamos que el arte haga en nuestras vidas. No ya porque las series de televisión hayan sustituido a las novelas como consumo de ficción, sino porque realmente el arte, tal como lo entendíamos, así en mayúsculas, está en declive. No tanto por sus logros, que pueden ser igual de maravillosos que siempre, sino por su influencia social. Lo cual puede ser bueno y puede ser malo.

Blog González Férriz. Portada Autobiografía sin vida de Félix de Azúa

Sí creo que estas cinco grandes tendencias que explican los libros (seleccionados) se están produciendo”.

P. Todos los tiempos son turbulentos, o los contemporáneos los viven como tales pero, ¿hay algo que caracterice específicamente los actuales?

“Nuestra generación se ha llevado un buen palo en cuanto a lo que creíamos que la vida nos podía proporcionar. Pero nuestros abuelos lo tuvieron muchísimo peor, no solo en condiciones materiales, que sin duda es así, sino también en condiciones morales. Era un mundo más violento, con las mujeres, con las minorías…

“Twitter está bien, pero el cambio gordo fue el barco de vapor”

Yo ni siquiera te diría que lo que caracteriza a esta época es la tecnología. La tecnología que revolucionó la vida llegó en tiempos de nuestros abuelos. Fueron la luz eléctrica, el agua caliente, el alcantarillado, el alumbrado público, el coche, el tren

El impacto de Facebook es muy grande, pero es pequeño comparado con el de la luz eléctrica en las casas, en lo que se refiere a la vida cotidiana y a la manera en la que nos relacionamos los humanos.

Claro que vivimos un cambio tecnológico grande. Pero siendo grande, es menor que el que vivieron los que saliendo del siglo XIX fueron viendo cómo llegaba el tren. La globalización se produce a raíz del tren, de su expansión.

Twitter está bien, pero el cambio gordo fue el barco de vapor, fue el tren, fue la electricidad doméstica.

El gran rasgo de nuestro tiempo (y eso es hacer trampas porque no hay grandes rasgos de nuestro tiempo), de nuestra generación y en España, el mayor elefante en la habitación son las expectativas. Se ha producido una quiebra entre las expectativas y lo que nos encontramos.

La gente, tristemente, antes vivía con unas expectativas muy bajas: sobrevivir, ingerir 1.500 calorías, pasar poco frío, y morir con los tuyos. Durante muchísimo tiempo la ambición de la sociedad no ha sido mucho más que la supervivencia.

“Las expectativas de nuestra generación se han visto truncadas”

Por suerte ahora tenemos muchas más expectativas, deseamos cosas mucho más sofisticadas, y la mayor parte del tiempo las podemos tener. Pero lo que yo creo es que nuestra generación tenía unas expectativas muy altas. Tanto de lo que íbamos a conseguir porque teníamos una carrera y sabíamos inglés, como de la felicidad familiar, conyugal o sexual que nos prometían determinadas ficciones, o del bienestar económico que creíamos que íbamos a tener.

Veíamos la experiencia de nuestros padres, que en muchos casos habían pasado de una clase baja muy justita a una clase media acomodada. Y pensábamos, “caray, como nosotros peguemos el mismo salto, vamos a caer muy arriba”.

Y estas expectativas se han visto truncadas. Vamos a tener una vida probablemente, en muchos sentidos mejor, pero materialmente más inestable de lo que esperábamos. En términos de libertad, de autonomía moral, sin duda vamos a estar mejor. Probablemente viviremos siempre en democracia, que eso es algo que nuestros padres y abuelos no pudieron disfrutar. Pero no hay progreso infinito, la mejora no es constante ni está asegurada. Y esto creo que es un descubrimiento nuevo.

P. ¿Sería sano que, como colectivo, empezáramos a pensar en rebajar las expectativas, sobre todo para reducir la fractura entre lo que esperas y lo que encuentras, que siempre es fuente de insatisfacción?

 Yo creo que esa insatisfacción la encuentras incluso en la vida privada. No hay príncipes azules ni princesas, y te vas ajustando a la realidad.

¿Qué podemos esperar razonablemente? Ahora estamos en un momento político complicado y yo entiendo que un partido político no puede salir a decir que vamos a tener un 15 por ciento de paro durante la próxima década, que probablemente los sueldos no crezcan, y que el Estado del bienestar no sólo no se expandirá, sino que es probable que se reduzca. Ningún partido político saldría diciendo esto porque no le votaría ni su madre.

“El Gobierno no lo puede todo”

La conversación que sí me parece importante aunque no sea atractiva en términos electorales es qué podemos conseguir realmente. Y estas fórmulas que prometen la felicidad a través de la política, o una consecución de bienestar para todos a través de la política, claro que son deseables. Pero es que la política tiene herramientas limitadas. La política no es omnipotente. Lo que hace la política la mayor parte del tiempo es gestionar la escasez, no la abundancia.

Así que por un lado yo entiendo muy bien el enfado, que es innegable y perfectamente justificado y compartido. Pero por otro lado me preocupa mucho la generación de expectativas. Qué creemos que puede hacer la política por nosotros. Puede hacer muchísimo. Pero no todo.

Blog González Férriz. Portada El fin del poder de Moisés Naím

Estamos en un tiempo en el que le estamos pidiendo a la política cosas que antes le pedíamos a la religión o al arte, que es una especie de redención o de felicidad trascendente. Y eso es complicado que te lo dé la política. Es una máquina de generar frustración total.

Insisto en que estoy del lado de los enfadados y de los que quieren reformas en profundidad. Pero, ¿qué podemos esperar de la política? Me preocupa la generación de expectativas irracionales.

Y ¿no tendemos a esperar en exceso que cambie todo lo externo (que es muy deseable que cambie, por otra parte)? Quiero decir que hacemos poca introspección. La gente no se plantea ¿qué puedo cambiar yo en mi pequeña esfera? ¿No tendríamos que cambiar nosotros un poco?

La actitud general en la vida y en crisis como esta en particular es “quiero que cambie todo menos yo”. Quiero que cambie la corrupción política, pero tal vez yo no tengo que ser 100% honesto.

“Quiero que cambie todo menos yo”

La crisis está siendo horrible y todos hemos aprendido cosas. Pero a mí lo que me ha sorprendido más es la gran resistencia al cambio que tenemos los humanos. Lo terriblemente conservadores que somos. Exigimos cambios, pero lo que nos gusta en la mayoría de los casos es lo que conocemos y damos por seguro.

Y a mí lo que me ha sorprendido es que, yo, en mi ignorancia absoluta, pensaba que iba a ser más fácil hacer reformas, ser más ágiles, entender más fácilmente lo que estaba pasando y cambiar más fácilmente… Pero no. Y eso, que lo explica el libro de Moisés Naím, es por algo muy inquietante, y es por la ficción de que hay alguien ahí que está al mando. Y no hay nadie al mando.

Y esa es una idea muy inquietante que los ateos manejamos como podemos. Pero es muy impactante en términos políticos decir que no hay nadie lo suficientemente poderoso como para hacer los cambios que necesitamos. Es decir, todos sabemos lo que necesitamos, pero no hay nadie tan poderoso como para llevarlo a cabo.

Probablemente en el Banco Central Europeo todos sepan lo que hay que hacer. Pero no pueden hacerlo. Probablemente Mariano Rajoy sabe lo que hay que hacer, pero no puede hacerlo. Pero si somos adultos creo que tenemos que asumirlo. El Gobierno no lo puede todo. Puede mucho menos de lo que nos creemos. El Fondo Monetario Internacional puede mucho menos de lo que creemos.

Y eso es un rollo, porque la idea de que alguien manda mucho y lo puede todo permite que te puedas descargar las culpas muy fácilmente: “El Gobierno no quiere solucionar el paro”. Esa idea es angustiosa. Pero es mucho más angustioso pensar que sí quiere, pero no puede.

Y la sociedad civil, ¿puede algo?

Podemos muchísimo. Pero lo que tenemos que entender, y a ver si la crisis sirve para eso, es que si queremos ser una sociedad democrática, tenemos que participar en política todos con más frecuencia. Lo que estamos haciendo ahora, probablemente sea normal, pero no es bueno.

“Da mucha pereza meterte en un partido político. Pero tenemos que hacerlo”

Pasamos de la política en los buenos tiempos. Pero en cuanto vienen malos tiempos no solo nos preocupamos muchísimo por la política, sino que optamos por posiciones más duras, sean de derecha o de izquierda. Esto lo decía Tocqueville en 1814 o 1815.

O tienes ciudadanos que están implicados en la política de una forma relativamente constante, o si no lo que tienes es que en los buenos tiempos nadie está mirando la política y los políticos hacen lo que les da la gana. Y en los malos tiempos todos nos radicalizamos con soluciones que tampoco se pueden implementar porque están demasiado lejos de la realidad.

Después, tenemos que hacer cosas que nos dan pereza. Yo soy el primero al que le da pereza, pero tenemos que crear sociedad civil. Es una lata ir a las reuniones de propietarios, y estar en las asociaciones de padres de alumnos, y en las vecinales, y las ongs, o en iglesias, o en los sindicatos, o en los partidos.

Es que da mucha pereza meterte en un partido político. Pero tenemos que hacerlo nosotros. Porque si no lo hacemos nosotros, nos lo hacen. Y reconozco mi culpa en eso, yo soy muy perezoso.

Tenemos que estar ahí, y pensar que meterte en un partido político no es la excepción, sino algo normal. Y meterte en un sindicato no es porque seas un izquierdista enloquecido, sino que los sindicatos son una manera de socializar, la iglesia es una manera de socializar, los periódicos son una manera de socializar, y ahora queremos que Facebook lo sustituya todo.

No es verdad. Los pilares antiguos de la sociedad civil siguen siendo necesarios. Internet no los sustituye, aunque lo creamos.

P. ¿Por qué leer ensayo?

En contra de lo que se cree habitualmente, ahora se están escribiendo ensayos muy buenos por gente que escribe muy bien, porque viene del periodismo o porque viene de la divulgación. Son ensayos nada académicos y nada complicados, como espero que sea el caso de los cinco que propongo.

“Da mucho gusto entender lo que nos pasa”

Hay un tipo de placer intelectual, que por supuesto dan las novelas, y dan la televisión y el cine, y el teatro, y la ópera y tantas cosas… Pero en el ensayo hay ese momento de decir: “caray, creo que he entendido una cosa”.

Blog González Férriz. Portada de Noventa por ciento de todo, de Rose George

Siempre es “creo”, porque ese entendimiento es precario y puedes cambiar de idea. Pero esa sensación yo la tuve mucho con uno de los libros, 90% de todo, que te explica algo en lo que raramente pensamos, que es que un 90% de las cosas que compramos, que nos ponemos, que tenemos en las casas y las oficinas, ha viajado en barco. Cómo el transporte en barco define nuestra vida casi más que cualquier otra cosa. Yo nunca había pensado en esto.

P. Esto es muy desconocido, yo también me he quedado sorprendida.

Pues ahora resulta que lo que en gran medida define nuestra economía, nuestra forma de vida, son los grandes barcos que llevan cosas de un lado al otro del mundo. Ver esto a mí me produce un placer intelectual enorme. Tener la sensación de que creo que he entendido algo. O algo que nunca me había preguntado, ha habido un tipo que no solo se lo ha preguntado, sino que ha buscado una respuesta.

Puede ser una responsabilidad intelectual entender el mundo, o cierta maldición mosaica de estar condenados a entender lo que nos pasa. Pero es que da mucho gusto. Es que un buen ensayo que te explica aspectos de la vida, tanto si son aspectos que te habías planteado como si son aspectos que no te habías planteado, es un gran placer intelectual.

Y la razón por la que yo leo ensayo es porque quiero entender el mundo. Pero es que también es muy divertido, muy entretenido, y muy excitante intelectualmente.

P. Entre las respuestas que el autor propone, las que el lector busca en función de lo que piensa y de lo que ha ido asimilando a lo largo de su vida, ¿hay esperanza de encontrar algunas respuestas en el ensayo?

Yo creo que respuestas definitivas no hay. Pero incluso en la ciencia, que es el sistema más racional de búsqueda de respuestas, te das cuenta de que las respuestas son parciales.

P. Y revisadas sistemáticamente…

Tal vez la gente religiosa sí que tiene esas respuestas de una manera más clara, pero tampoco estoy seguro de que tengan menos dudas que los demás.

“El ensayo es abono para la curiosidad”

La clave de las cosas no la vamos a entender. Y de hecho está muy bien que el ensayo se llame ensayo, en el sentido de que tú estás intentando aproximarte a algo.

Y después, todos tenemos que manejar un porcentaje de certidumbres y uno de incertidumbres, porque si no no podríamos vivir. Tenemos que tener las dos cosas. La gente que tiene solo certidumbres es un rollo y es muy poco interesante. La gente que tiene un martillo cree que todo son clavos.

O la gente que dice: “Esto se arregla con más mercado”. “O esto se arregla con más estado”. Es mucho más complicado. Y el ensayo ayuda. Pero solo ayuda. Yo creo que respuestas definitivas no hay. No las hay en la vida en general.

Lo que sí hay son aproximaciones originales que te pueden ayudar a entender, a tener la percepción de que has visto algo que no habías visto.

Pero en los libros no hay respuestas definitivas. Ni en la vida. Y quizá está bien que no las haya.

P. Lo que sí podría proporcionar la lectura habitual de ensayo es la capacidad de pensar mejor, de hacer las preguntas correctas, de que se te ocurran más ideas… ¿podría servir de abono intelectual?

Abono es la palabra exacta. Cuanto más lees y más sabes, más lees y más sabes. Sí es un círculo virtuoso que hace aumentar tu curiosidad, preguntarte por cosas en las que no sabías que estabas interesado.

Pero esto pasa con los libros y con los buenos artículos periodísticos. Cuando una cosa está bien hecha, te puede interesar aunque a priori te quede muy lejos. La suerte que hemos tenido es que en estos tiempos que parece que son de crisis cultural, en realidad hay más libros sobre economía y política que podemos entender los que no somos especialistas que nunca.

Y eso es abono para la curiosidad, y para interesarte por cosas que enriquecen tu manera de ver el mundo.

Publicado por: María Gil. Escuela de Humanidades de UNIR


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