Consejos para hacer buen uso de tu cerebro

10

feb

neurobiología y educación

Educación, Humanidades, neurobiología

El cerebro se asemeja a una obra en construcción. Siempre hay algo que reparar, algo que añadir, algo que corregir, algo que sanar. El cerebro cambia durante toda la vida. Después de un día de trabajo, de un día de descanso, de un día fantástico o de un día frustrante; el cerebro, a través de su plasticidad cerebral, es decir, a su poder de adaptación, se modifica, y por eso cambia su estructura, aunque su identidad permanezca la misma.

Las conexiones entre las miles de millones de neuronas, conocidas también como sinapsis neuronales, pueden aumentar en cantidad, en peso, pero también se pueden destruir y desaparecer. ¿Cuáles son los estilos de vida más apropiados para no caer prematuramente en lo que los expertos denominan “demencia digital”? ¿Qué han de tener en cuenta los padres y los profesores para poder ayudar, sobre todo a los niños, a que hagan buen uso de su cerebro?

El axioma fundamental de la Neurobiología es sobradamente conocido: use it or lose it, que podemos traducir por usa tu cerebro o lo perderás. Para llevar una vida lograda hemos de hacer buen uso de nuestro cerebro. Pero ¿en qué consiste esto?

La alegría de vivir, la motivación y el empeño por tratar de conseguir una meta no surgen en el ser humano de modo espontáneo. Uno de los equívocos más persistentes y fatales de nuestro tiempo consiste en pensar que los niños y los adolescentes son algo así como autómatas biológicos, cuyo desarrollo dependería casi exclusivamente de sus genes. Esta idea justificaría fácilmente – así siguen pensando muchos-, que el niño, por estar genéticamente “bien dotado”, pudiese adquirir a muy temprana edad y sin mayores esfuerzos, grandes competencias cognitivas y emocionales. Los nuevos conocimientos de la Neurobiología nos dicen que la actividad de los genes, por ser buenos comunicadores y buenos cooperadores, depende de las señales que van recibiendo constantemente del mundo exterior.

No hace mucho tiempo que se descubrieron en el cerebro los sistemas neurobiológicos motivacionales cuyas neuronas producen un cocktail vital de sustancias mensajeras gratificantes: dopamina, opiáceos endógenos y oxitocina. También se conocen con el nombre de hormonas de la felicidad, y contribuyen a superar los retos de la vida con entusiasmo.

Pero la secreción de estas sustancias depende en gran medida de las relaciones humanas que establecen los niños con sus padres, profesores, tutores y amigos. Si los padres y otras personas encargadas del buen desarrollo y de la buena educación del niño se interesan de verdad por ellos, se genera una respuesta más fácil al por qué de su actuar; se genera también un sentido profundo por el que vale la pena esforzarse. Por el contrario, si no se les presta atención, no solamente no se motivan convenientemente, sino que les faltará incluso aquello que es elemental para su sano desarrollo o lo que es peor todavía, podrían entrar por los peligrosos caminos de las adiciones.

Los recientes estudios de Neurobiología nos han demostrado que el buen funcionamiento del sistema motivacional viene dado por el interés, el reconocimiento social y la estima personal que se les muestra a los niños.

El cerebro convierte las sensaciones anímicas en biología. La psicología se convierte en biología. Las discriminaciones y marginaciones bloquean los genes en la región del sistema motivacional. Por el contrario, el reconocimiento y la estima producen una activación de estos sistemas. Esto no quiere decir que haya que mimar a los niños. Precisamente por el hecho de que buscan el reconocimiento hay que explicarles acerca de aquello que se espera de ellos.

Pero, ¿qué ocurre si no se activan los sistemas motivacionales por no interesarse de verdad por el niño? El cuerpo pronto busca sucedáneos que engañan al sistema motivacional. Es lo que ocurre con aquellos niños que viven en un mundo de los videojuegos donde ellos son los protagonistas. Consiguen las hormonas de la felicidad pero destruyendo para ello las neuronas del sistema motivacional. Compensaciones de este tipo pueden destruir la vida de un niño y, por supuesto, también la de un adulto. El motivo para ello es que, en el caso de buscar con verdadera hambre compensaciones y adiciones, la liberación de las sustancias mensajeras lleva en la vida real a la apatía. A partir de entonces, el niño se buscará una dosis cada vez más elevada de compensaciones deslizándose incluso hacia peligros mayores, como son las drogas. Toda adición que se sirve de los sistemas motivacionales del cerebro acaba por destruir la verdadera motivación.

En este seminario sobre pedagogía y neurobiología, al que os invito cordialmente, hablaremos y expondremos aquellos frames, es decir, aquellos marcos necesarios que hemos de tener en cuenta para que los niños, adolescentes y adultos tengamos en cuenta para que la motivación desemboque en una vida lograda. Y, para ello, será de gran utilidad conocer las relaciones que se articulan entre los centros neurobiológicos y la alegría por el esfuerzo realizado.

De este modo, sobre todo los niños a partir de los tres años, aprenderán a ejercer un buen autogobierno de sí mismo, es decir, aprenderán a vivir en armonía con todos los elementos internos de su propio ser. Esto no solamente constituye la clave para gozar de una armonía personal, sino también para llevar una vida lograda que les dotará de mejores defensas contra todo tipo de enfermedades.

¡Te esperamos! Seminario Eduación y Neurobiología: el arte de potenciar el talento.

Publicado por: D. Alfred Sonnenefeld, profesor del seminario Educación y Neurobiología: el arte de potenciar el talento.


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