CÓMO CONTAR CUENTOS

12

sep

Cómo contar cuentos. Niño leyendo libro

Comunicación, Cultura, Educación, General, Humanidades, Literatura

LA MAGIA DE CONTAR Y ESCUCHAR HISTORIAS

 

Desde hace cientos y cientos de años los cuentos se han ido transmitiendo de generación en generación. Contar historias, por tanto, es algo que se ha llevado a cabo desde el principio de la humanidad. Y aunque su origen no se pueda rastrear con precisión y muchas veces se confunda con el mito, sí se sabe que el cuento nació de la oralidad, de esa forma de transmitir de boca a oreja deleitando y, ante todo, formando comunidad. Contar historias forma parte, por tanto, de nuestra naturaleza y a todos, mayores y pequeños, nos gusta escucharlas… De hecho, desde antaño, las historias se compartían al calor de la lumbre tanto para niños como para adultos. Sin embargo, muchos adultos de hoy creemos que contar y escuchar cuentos es cosa de niños quizá porque desde que nació el concepto de infancia –allá por el siglo XVIII– se han ido desarrollando y creando productos específicos para niños, algo que ha generado cierta confusión –sobre todo en la actualidad–, una confusión que también afecta a los cuentos: la idea de que son algo solo para niños y, como ahora veremos, no es así…

Por otra parte, muchos podemos pensar que asimilar esas historias para contarlas pertenece a otro tiempo, a cuando éramos pequeños y que ahora tienen muy poco que aportarnos. Pero no es así. Se puede afirmar que aquel adulto al que no le gusten los cuentos haría bien en preocuparse… Fijémonos si no en cómo han perdurado los cuentos de hadas. Esas historias, como La Cenicienta, por ejemplo, cuentan con numerosas variaciones y versiones muy distintas según las diferentes culturas pero siempre se relata la misma historia. Es un gran misterio que esas historias no se hayan perdido con el paso del tiempo por lo que tendríamos que preguntarnos ¿por qué han pervivido, qué poder tienen para que los hombres no las hayan olvidado? Porque hoy por hoy existen los textos escritos para conservar la memoria pero, como hemos mencionado más arriba, la literatura era puramente oral y siempre que mereciera la pena, que las historias estuvieran llenas de belleza, de misterio, de evocación, etc. se contaban de generación en generación hasta llegar a nuestros días. Algo esconden entonces esas historias para que hayan perdurado y es que no cabe duda de que, sobre todo los cuentos de hadas, dan respuesta a preguntas que a todos nos afectan como seres humanos, a preguntas relacionadas con el amor, la tristeza, el miedo, la inseguridad… Todas las preguntas clave que nos hacemos como humanos pueden vivir en los cuentos, esos cuentos que nos hablan de la verdad de la vida, que reflejan nuestros conflictos, que nos ayudan, como decía Bettelheim, a solucionar angustias, conflictos emociones y, en definitiva, a vivir…

Con todo ello, contar y escuchar cuentos implica regalar y recibir esa magia implícita en sus mensajes. El momento de contar un cuento se convierte en dar, en regalar ese don a otros con miras a que esos otros lo valoren, lo aprecien, lo disfruten. Es como un acto de generosidad, una actitud de entrega de esa magia difícil de igualar de cualquier otra manera. Por tanto, contar un cuento no es soltar una historia sino establecer un vínculo, un clima de intimidad entre quien cuenta y quien escucha alegrando el alma, el espíritu y el corazón… Por algo Dora Pastoriza (1983) afirmaba que “el oficio del narrador tiene por finalidad alegrar el corazón de la gente”… ¿Por qué no practicarlo? Quizá seríamos mucho más felices.

 

Concepción María Jiménez Fernández

Publicado por: CONCEPCIÓN JIMÉNEZ


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