Atrapatiempos literarios (1): ¿La mejor forma de ordenar su biblioteca? Soluciones a partir de El nombre de la rosa

30

oct

El nombre de la rosa

Literatura

Tras una primera aterradora visita a la biblioteca, el joven Adso va tomando nota de la disposición de las salas llenas de libros. Una frase (en latín, claro) identifica cada estancia, y en ella una sola de las letras está siempre resaltada en rojo. Adso lo apunta todo. El resultado final es esta especie de sopa de letras medieval, con la forma de la planta de la biblioteca: oh, un lóbrego torreón cuadrado extendido en torres heptagonales, y con un patio central octogonal. ¿Qué orden tienen los libros en esta biblioteca? ¿Cómo orientarse en lo que, más bien, parece un laberinto? Su maestro Guillermo de Canterbury dio con la clave.

¿Resolvería usted el misterio?

Umberto Eco, que es el autor de este divertimento tan sagaz en El nombre de la rosa, aplicó su eruditísimo ingenio para idear un sistema de ordenación de los libros fascinante. Como ya habrá adivinado usted, la biblioteca está ordenada por regiones geográficas (¿encuentra las palabras Roma, Yspania, Aegyptu?), y en cada una de ellas se guardan los libros de los autores de esa región. En Roma, los clásicos latinos, en Hibernia los autores de las islas británicas, en Leones los africanos.

Biblioteca El nombre de la rosa. Umberto Eco

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

“¿Entonces la planta de la biblioteca reproduce el mapa del mundo?”, se preguntarán con Adso. Y él mismo les responde a ustedes unas páginas más adelante, dándoles la solución del pasatiempo:

“Cuando más tarde completamos del todo el mapa, comprobamos que la biblioteca estaba realmente constituida y distribuida a imagen del orbe terráqueo. Al norte encontramos ANGLIA y GERMANI, que, a lo largo de la pared occidental, se unían con GALLIA, para engendrar luego en el extremo occidental a HIBERNIA y hacia la pared meridional ROMA (¡paraíso de los clásicos latinos!) e YSPANIA. Después venían, al sur, los LEONES, el AEGYPTUS, que hacia oriente se convertían en IUDAEA y FONS ADAE. Entre oriente y septentrión, a lo largo de la pared, ACAIA, buena sinécdoque, como dijo Guillermo, para referirse a Grecia, y, en efecto, en aquellas cuatro habitaciones abundaban los poetas y filósofos de la antigüedad pagana”.

(U. Eco: El nombre de la rosa, Cuarto día, después de Completas)

El procedimiento es muy útil para, al mismo tiempo que se posee una pauta mnemotécnica, preservar celosamente su secreto, y convertir la biblioteca en un vasto laberinto para aquellos no iniciados. Mi recomendación es que ponga usted en práctica este procedimiento u otro similar en su casa, especialmente si sus amigos son de los que no devuelven los libros.

Tenga muchos o pocos libros, la mejor solución para ordenarlos no será la más obvia. Una casa no es una biblioteca pública (¿quién tiene estanterías de 12 x 2 m colocadas en paralelo en el salón?) ni falta que hace. Así que olvídese de la CDU, los órdenes por apellido o por género, y piense soluciones divergentes, que, si no le acaban de satisfacer, al menos le entretendrán un rato. Anonádese con las posibilidades y ordénelos por colores; o deje huella de su propia biografía situándolos por cronología de lectura, como propone algún autor en este excelente reportaje; o ríndase a la clasificación de la casualidad .

Para mi gusto, no hay mejor ordenación que la más caprichosa, la más fantástica, la que convierte la biblioteca personal en un laberinto que haga rehuir a intrusos.

Y si sigue el modelo de El nombre de la rosa y convierte el plano de su casa en un mapa terrestre, ¿dónde pondría las novelas de Stieg Larsson? ¿En el frigorífico?

Publicado por: Ignacio Ceballos Viro


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