Apología de la creatividad: un cuento para cambiar las cosas

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ene

Blog Ceballos. Castillo de cuento

Literatura

¡Parad un momento! Leed este cuento que nos ha contado el filólogo, antropólogo y narrador oral Ignacio Ceballos. Es muy breve pero puede animarnos a buscar una solución diferente a los problemas de siempre. Ser creativo, cambiar de óptica, puede ser el camino más corto hacia la salida de cualquier laberinto.

“Hubo hace mucho tiempo, cuando los gobernantes eran justos, un rey que tenía tres hijos. Dos chicos y una chica. Era ya muy anciano y estaba pensando a cuál de los tres le iba a dejar todo su reino y todas sus posesiones.

Al final pensó que iba a decidirlo haciéndoles una prueba: tenían que llenar el salón más grande del palacio con algo, con alguna cosa que se les ocurriera. Para conseguirlo tenían 24 horas, desde un amanecer al amanecer siguiente.

Le tocó primero el turno al hijo mayor, que era un hombre fornido y musculoso. Se levantó y pensó que, como era fuerte, iba a llenar el salón con piedras y arena. A mitad de la tarde ya vio que era complicado, pero siguió trabajando y esforzándose. Cuando llegaron el rey y sus acólitos vieron que el salón estaba a medio llenar, así que el hermano mayor no pudo quedarse con el reino.

El hermano mediano, como no era tan fuerte, pensó que iba a llenar todo aquello con paja, que pesaba menos y tenía más volumen. Se esforzó, fue a los graneros, estuvo llevando paja, pero el salón era tan grande que no pudo llenarlo. Al amanecer le faltaban todavía unos cuantos metros. El hermano mediano tampoco iba a ser el heredero de todo el reino.

Le tocó el turno a la hermana pequeña, que era una chica menudita, a la que todos tenían por un poco boba porque nunca había hecho nada excepcional, porque era muy pequeña…

Al amanecer de ese día la niña entró en el salón, miró a su alrededor y se sentó en el centro del salón. La dejaron allí dentro, de vez en cuando algún sirviente se asomaba, le llevaba la comida… Se preguntaban, “¿qué tal va? Pues nada, ahí sigue, no se le va a ocurrir nada”.

Pasó la tarde, le llevaron la cena. Y allí seguía, con los ojos cerrados. De vez en cuando paseaba por el salón.

Llegó la noche y la gente curiosa se asomaba a ver qué hacía: “está mirando por la ventana… Pues no le va a dar tiempo, si no quedan horas… ¿Con qué piensa llenar el salón?… Ha tirado la toalla”.

A la mañana siguiente, cuando llegaron el rey y sus sirvientes, la niña estaba en el centro del salón esperándoles. Le dijo a su padre: “ya sé cómo llenar tu salón. Lo vamos a llenar en un segundo. Esta noche he estado viendo la luna y se me ha ocurrido cómo”.

Pidió que cerraran todas las cortinas del salón, de manera que quedó a oscuras. Después pidió que trajeran una vela. Encendió la vela y todo el salón se llenó de luz. Y así, aquella niña fue la que heredó el reino”.

“Creo que es un buen ejemplo de pensamiento divergente”, nos dice Ceballos, “de cómo se pueden encontrar soluciones distintas. Y eso es muy importante, o eso dicen, para el mundo futuro. Se trata de formar a la gente en la capacidad de encontrar otras soluciones que no sean las ya sabidas. Les hace falta también a nuestros políticos”.

Fomentar la creatividad es lo suyo. De ello se va a ocupar en el curso online Cómo hacer que los niños sean autores de la Escuela de Humanidades. Empieza el próximo 2 de febrero.

Publicado por: Ignacio Ceballos. Filólogo, antropólogo, narrador oral y Doctor en Literatura. María Gil. Escuela de Humanidades


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